Este post fue publicado originalmente pocos días tras la Diada Nacional de Catalunya, el 16 de Septiembre de 2012 y he decidido dejar el texto introductorio intacto:

Ha sido una semana movida en Catalunya a raíz de la Diada y de la cuestión de la identidad nacional. La cuestión nacional es el pan de cada día en Oriente Medio y, con esta coincidencia de fechas, aprovecho para presentaros la primera entrevista que he tenido oportunidad de hacer con un joven palestino.

No se trata de una entrevista centrada en la realidad política de la región pero trato de que ésta comprenda los efectos que esta realidad tiene en la vida y en la identidad de M.A.R, un joven de Hebron, Cisjordania.

Le conocí un sábado por la tarde en la estación central de autobuses de Jerusalén. Yo volvía de pasar un fin de semana de visita y M.A.R venía desde Hebron, tras pasar allí el fin de semana con la familia. Venía de cruzar los check points que separan los territorios de Cisjordania e Israel. Yo le pedía la hora y el me preguntó de dónde soy, faltaban dos horas para que salgan nuestros autobuses y las pasamos charlando de la vida. M.A.R estudia en Hebron durante una parte importante del año; cuando no estudia, trabaja en Israel con un permiso de trabajo y residencia. Este hecho le genera una rutina semanal que le sitúa entre dos territorios, dos culturas, dos lenguas, tan cercanas y tan distantes la una de la otra.

Esta entrevista muestra un costado del prisma. Una intersección diferente entre el individuo y el entorno. Así pues, os dejo con M.A.R, un joven palestino en Israel.

Voces II: Un encuentro con M.A.R

G.Y:Siendo palestino, se puede decir que tu relación con “el otro”, con Israel y los israelíes”, existe desde el mismo día en que naciste. El conflicto político y militar entre ambos territorios es inevitable para la población de ambos lados. Me gustaría preguntarte sobre el momento en que pisaste por primera vez Israel. ¿Cuándo cruzaste por primera vez? ¿Cómo te sentiste?

M.A.R:La primera vez que fui a Israel fue durante de un día de visita para ir a la playa, pasármelo bien y volver a mi casa en Palestina (La población palestina de Cisjordania puede tramitar permisos durante el año, especialmente durante el verano, para pasar un día de playa en Tel Aviv). Antes de ir a Israel por primera vez, todo lo que había oído en Palestina sobre Israel eran cosas malas sobre la gente y sobre los políticos. Estaba acostumbrado a escuchar que son nuestros enemigos, que no podemos convivir con ellos, que no podemos hacer negocios con ellos, que no podemos ser amigos. Cuando pisé Israel por primera vez tenía este sentimiento en mi interior. Estaba en Tel Aviv y veía a la gente como si fuera mis enemigos y miraba a mí alrededor y me decía “finalmente puedo ver a mi enemigo”.

Me encontré una realidad distinta a la que esperaba, ya que todo lo que había visto hasta aquel momento que representara Israel eran soldados en territorio palestino. Cuando vine y vi a las personas me sorprendí. Me di cuenta de que son personas como nosotros: trabajan, viven sus vidas haciendo aquello que nosotros hacemos, como cualquier persona.

En aquella época yo aún no hablaba hebreo, sólo árabe e inglés. Recuerdo que una vez en la playa en que estaba sentado con un amigo y se nos acercó un chico por detrás y comenzó a hablarnos en hebreo. Yo me asusté, pensé que podía ser un soldado que se me quería llevar o que me querría hacer alguna cosa mala porque yo era palestino y estaba en Israel. Entonces, mi amigo le preguntó si podía hablar en inglés y él dijo: “Sí, en inglés y en árabe también, puedo hablar vuestra lengua”. Entonces se puso a hablar con nosotros, como un amigo, tuvimos una larga conversación. Recuerdo que se dio cuenta de que yo estaba preocupado y me dijo: “No has de estar preocupado por mí, solamente quiero un mechero para encender mi cigarrillo”. Esta fue mi primera interacción con un israelí que no fuera ni soldado ni policía.

G.Y:Eres la primera persona palestina que entrevisto en mi blog y creo que es indispensable preguntarte sobre tu percepción de Israel, ya que hace unos años que te relacionas con su gente, el territorio y su cultura.

M.A.R:Después de mi primera visita, me di cuenta de que Israel es un país bonito en el que se encuentra gente agradable y decidí volver otra y otra vez. Pensaba sobre la idea de tener amigos israelíes y poder comprobar si lo que había oído sobre Israel era cierto. Después de visitar el país unas siete u ocho veces hice un amigo en Tel Aviv. Le conocí por primera vez en mi segunda visita y, por casualidad, nos encontramos en una de mis visitas siguientes. Él jugaba solo a fútbol en la playa y como a mí me encanta el fútbol le pregunté si podía jugar con él. En el mismo instante en que le pregunté me di cuenta de que él estaba preocupado porque yo era árabe. Exactamente lo que me pasó a mí la primera vez que me encontré con un chico israelí. Yo le dije lo mismo: “No has de estar preocupado, solo quiero jugar a fútbol contigo”. Posteriormente intercambiamos nuestros contactos, teléfono y Facebook y aún estamos en contacto.

Después de tres años trabajando en Israel he hecho bastantes amigos, tanto árabes como judíos israelíes. También tengo amigos de Hebron, de mi ciudad, que trabajan en Israel. Con mis amigos judíos de Israel estamos de acuerdo en que nuestros gobiernos nos engañan sobre la realidad del “otro lado”. Estábamos acostumbrados a creer en lo que nos decían en las noticias, en la radio, en la televisión, pero después de encontrarnos con la realidad ya no nos lo creemos.

Durante la semana, cuando estoy en Israel trabajando, no tiene demasiada importancia el hecho de que yo sea palestino. Mucha gente cree que soy un árabe israelí y algunos incluso creen que soy judío. La gente más próxima a mí sabe que soy palestino.

También he encontrado israelíes a quienes no les gustan los árabes. Recuerdo una vez cuando todavía estaba aprendiendo hebreo y fui a un pequeño negocio a comprar alguna cosa. El hombre de la tienda se dio cuenta de que no hablaba bien hebreo y me preguntó si soy árabe. Cuando le respondí que sí, me dijo que no me quería vender, que fuese a comprar a otra parte. Ese hombre pertenece a la parte de la población de Israel que no quiere una solución para el conflicto ni la paz. Lo mismo sucede en Palestina. Encontrarás gente que quiere la paz y el establecimiento de una relación amistosa y otras personas que no creen en la paz y que no quieren saber nada de Israel y de los israelíes.

G.Y:Háblame de tu experiencia como ciudadano palestino en el momento de cruzar las fronteras, los check points, y sobre tu manera de vivir tu identidad palestina cuando estás en territorio israelí.

M.A.R:Cuando crucé la frontera por primera vez, pasé el check point, me revisaron el cuerpo y mis pertenencias para ver que no llevara una bomba o armas y me fotografiaron para poder identificarme en futuras ocasiones. Yo no podía comprender todo ese proceso. Me sentía como si fuera a visitar la Casa Blanca, cuando yo solamente quería ir a la playa a pasarlo bien. Hoy en día, después de tres años cruzando la frontera cada semana para ir a Israel a trabajar y volver a casa a ver a mi familia durante el fin de semana, cruzar el check point es parte de mi rutina semanal. Ya no me afecta tanto el hecho de ver a los soldados. Debo decir que, si bien es más fácil para mi desde que me he acostumbrado, aún me revisan como si fuera la primera vez. Eso sí, como ahora hablo hebreo al menos intercambiamos unas palabras.

En Israel todos los centros comerciales y algunos restaurantes y lugares populares tienen guardias de seguridad en las entradas. Esto me recuerda, de alguna forma los check points que se encuentran entre distintas ciudades palestinas de Cisjordania. Obedece a la misma forma de pensar la seguridad aún que el contexto sea muy distinto.

G.Y:Veo que te has adaptado a la rutina que implica cruzar las fronteras cada semana, ya que una parte importante de tu vida la vives en Israel. ¿Cuáles son tu rutinas?

M.A.R:Estudio administración de empresas en Hebron, en Palestina, durante seis meses al año, los otros seis meses trabajo en Ashdod, en Israel, en un restaurante. El único proyecto que mantengo durante todo el año en Israel es el fútbol. Participo en un proyecto futbolístico en Tel Aviv. Cuando trabajo en Israel, cada sábado por la tarde cruzo la frontera para ir desde Hebron hasta Jerusalén y desde ahí hasta Ashdod para comenzar la semana laboral. Durante la semana trabajo cada día desde la mañana hasta las cuatro de la tarde y paso las tardes con mis amigos israelies y palestinos del trabajo. Los jueves vuelvo Hebron y paso el resto del día con la familia. Los viernes por la mañana vuelvo a Tel Aviv y trabajo en el proyecto futbolístico. Los viernes por la tarde vuelvo a Hebron, donde paso el fin de semana y el sábado por la tarde la historia se repite. Cruzo cuatro veces cada semanas por los check points. Durante el medio año que estudio en Hebron solamente cruzo dos veces a la semana para ir a Tel Aviv los viernes por la mañana a trabajar con mi equipo de fútbol. Me gustan tanto mis estudios como el fútbol, pero prefiero el mundo del fútbol así que intentaré encontrar la forma de combinarlos.

G.Y:¿Y el proyecto futbolístico en el que trabajas? ¿De qué trata?

M.A.R:El proyecto pertenece a una organización alemana llamada Zevec, ellos lo financian. Por otra parte hay una organización israelí que se llama Mafelot que se encarga de convertirlo en hechos, junto a la colaboración del equipo de fútbol Hapoel Tel Aviv. Ellos se encargan de encontrar a los participantes, judíos y árabes, cristianos y musulmanes, que trabajamos juntos. Yo me impliqué en el proyecto hace algo más de un año. Me enteré a través de una amigo que trabaja hace tres años conmigo en una organización palestina que tiene propósitos similares a los de Mafelot i que se llama Jóvenes Creadores Palestinos. Envié mi CV y me aceptaron.

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Este proyecto trata de juntar a palestinos e israelíes para que jueguen juntos, trabajen juntos y se conozcan, y así conozcan una verdad distinta, una realidad diferente. El equipo de trabajo está formado por ciudadanos palestinos e israelíes. En estos momentos somos siete palestinos, cinco árabes israelíes y cinco judíos israelíes entrenando a los distintos equipos en que hay niños de distintas procedencias y edades. Después de tomar parte en este proyecto todos recibiremos un diploma de entrenadores de fútbol.

A través de este proyecto he establecido muchas relaciones con gente israelí. Ahora nos relacionamos entre nosotros como hermanos. A veces salimos juntos o vamos a la playa. Trabajar juntos es la mejor manera de conocer al otro, compartiendo experiencias y desafíos. Espero que algún día podamos ver niños israelíes y palestinos jugando juntos, y que los que ya no sean niños puedan trabajar juntos con normalidad.

G.Y:¿Puedes comentar un par de momentos significativos del proyecto?

M.A.R:Algunos meses atrás pasé por Belén, en Palestina, dos días con todos los entrenadores que formamos parte del proyecto, tanto israelíes como palestinos. Aquellos dos días son inolvidables. Eramos como una familia, durante aquellos dos días nos levantábamos, comíamos, nos lo pasábamos bien, todo juntos, exactamente como una familia.

Por otra parte, cada viernes es un momento especial. Organizamos partidos entre los equipos de distintos entrenadores y, por ejemplo, en mi equipo hay niños israelíes judíos y árabes, tanto musulmanes como cristianos. Cuando alguien marca un gol, da igual quien haya sido, cual sea su identidad, todos lo celebramos. Dos naciones y tres religiones.

G.Y:¿Puedes definir Israel con unos pocos adjetivos?

M.A.R:Necesitado de paz, moderno, aprovecha sus oportunidades y es próspero.

G.Y:Puedes definir Palestina con unos pocos adjetivos?

M.A.R:Necesitada de paz, con gente determinada, paciente y ambiciosa.

Aquí podéis encontrar más información sobre el proyecto futbolístico Mifalot.

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